A propósito de la invisibilidad lesbiana

Tradicionalmente, las leyes, la teología y la literatura han ignorado las relaciones entre mujeres. Y, especialmente, la posibilidad de que las mujeres pudieran tener sexo sin un hombre. Algunos legisladores consideraban el sexo entre mujeres como algo tan detestable y horrible, que como un experto del siglo XV dijo: “No debería mencionarse ni escribirse”. Otro jurista del siglo XVI aconsejó a las autoridades de Ginebra que no leyeran en voz alta, como era costumbre en los casos de ejecuciones públicas, la descripción del crimen en un caso de relaciones entre mujeres. Temían que si se hablaba del tema, las mujeres, por sus débiles naturalezas, podrían verse tentadas a este tipo de relaciones.

La reina Victoria de Inglaterra, sabia y puritana, se negó a reconocer el lesbianismo de manera que, a la ventaja de no estar prohibido, había que añadir, por otro lado, la clara desventaja de no existir.

En 1935, el ministro de justicia alemán se negó a incluir a las lesbianas en la Ley que penalizaba la homosexualidad. Su argumento era que las lesbianas eran muy difíciles de detectar.

En cambio, la homosexualidad masculina sí que fue prohibida porque, al menos y dentro de la barbarie, al menos ellos, los hombres, a cambio del castigo, sí tenían identidad.

Hay quien coincide en asegurar que la invisibilidad ha permitido siempre la existencia de cierto grado de libertad entre las mujeres. Que dos mujeres fueran cogidas de la mano por la calle o que bailasen juntas no resultaba sospechoso. Ni siquiera dormir en la misma cama. Y muchas veces si había juegos eróticos entre mujeres, las dos amigas en cuestión no eran conscientes de lo que significaban y ni siquiera despertaba en ellas el sentimiento de culpa por considerar que lo que hacían, al no haber un hombre, no era sexo.  Así que, ¿ventajas? Sí, porque a nivel inmediato las mujeres pudieron crear sus propios espacios sin levantar sospechas y sin alimentar un sentimiento de culpa.

Pero esta invisibilidad por el hecho de que la mujer no puede sentir por sí misma deseo sexual, tenía también inconvenientes. Porque al ser invisibles se perdían referentes para otras mujeres y, sin referentes, no se puede entender ni dar forma a la orientación sexual. Supone pues la inexistencia absoluta. La pérdida de la identidad lésbica. El silencio nunca es un factor positivo, ya que supone el mayor desprecio: niega la existencia del otro.

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